NO ES COSA SOLO DE DARLE.
A diferencia de las otras artes venatorias, con el arco, “el darle “no es el un asunto primordial.
Recuerdo mis primeros días de caza, con la vieja ¡ AYA ¡ a la que aun hoy cuido como oro en paño. Recuerdo cuando me decían…! Dale niño, dale ¡ ¡…pégale que se te va ¡. Aquellos cochinos regateaban y encajaban las balas que les dejaban “ sonaos” las más de las veces que no muertos . Alguno de aquellos disparos permitía dejar parado al animal y un tiro postrero, ya desde cerca, terminaba con su vida.
La flecha no permite esta suerte de lance. Una bala, ya de escopeta ó de rifle, descarga una cantidad enorme de energía que genera un fuerte shock a las piezas, aunque la localización del impacto no sea efectuado en una zona mortal. En ocasiones, estas heridas superficiales, con apenas pérdida de sangre ni daño anatómico, nos ofrecen al animal fulminado y presto a ser “rematado” con un tiro más relajado y certero.
La flecha mata por hemorragia y no por impacto (como acontece casi siempre con la bala). Este es el principio básico que todo cazador hemos tenido que asimilar cuando el arco pasa a ser nuestra nueva herramienta.
Por esta razón “darle”, no supone nada, no es importante. Lo sustantivo es darle en su sitio, este es el “ sumun” de nuestra forma de cazar.
El arco genera una muerta rápida y un cobro próximo, si cazamos conociendo las limitaciones y capacidades de este arma. Conocido tal, razón no hay para que el arco no encuentre, entre los ya cazadores, un lugar más que relevante.
Hace apenas unas semanas un buen amigo, conocido cazador de tronío y, porque no decirlo, un cazador “ de posibles ” me dejaba disfrutar de unos viejos libros de caza que había comprado en uno de sus viajes. En su pabellón de caza, que era su refugio de lectura y que utilizaba para escuchar música folk americana, guardaba una magnífica colección de piezas disecadas fruto de sus viajes de caza por todo el mundo. Llevábamos rato disfrutando de las reliquias bibliográficas cuando me sorprendió ver en “principal lugar de la sala”, una cabeza de un “cochinete” más bien raquítico. No pude reprimir mi sorpresa y pregunté ¿ y..esto ?. La respuesta fue bastante orgullosa, mi amigo me dijo ..”…lo cacé el año pasado. Es el primer cochino que mato con arco. Es uno de mis mejores recuerdos “.
Viene la anécdota a relacionar el nuevo entorno que se abre a los ya experimentados cazadores.
Quienes han tenido la suerte de practicar caza peligrosa africana, tienen experiencia en saber de lo importante que es conocer lo que hacen las balas blindadas en su tránsito por el cuerpo de la pieza. No es extraño encontrar estudios, para este tipo de caza, que muestran la localización de los órganos vitales a los que será preciso interesar con las balas para conseguir abatirlos. En esta caza la capacidad de parada desencadenada por la energía de la bala, aun siendo importante, no asegura que la pieza nos deje, tras un shock, realizar un segundo disparo. La caza de animales peligrosos en áfrica, es seguramente una forma muy similar, en su interpretación, a la caza con arco. Las balas para este tipo de piezas son blindadas y, más que desencadenar energía, que lo hacen, buscar localizar órganos, buscan penetración, y en ello invierten su poder energético. La posición anatómica del animal y la colocación del disparo, así como el ángulo del mismo, son los elementos principales.
Cazando con arco, la interpretación del lance debe buscar la posición del animal, el ángulo necesario, la distancia más favorable. La masa de una flecha es muy pequeña y la energía que puede acumular es reducida, teniendo en cuenta que la velocidad a la que puede viajar esta entre los 150 y 360 pies por segundo. Newton despeja a incógnita y el resultado, esto es, que la descarga de energía no es el modo de matar de una flecha, al menos en caza mayor.
Una flecha puede, y de hecho lo hace con más frecuencia de lo que podría pensarse, puede atravesar las costillas de un búfalo cafre, generarle una muerte rápida por hemorragia cobrandose, el animal, a escasos metros de distancia y en apenar unos segundos.
No se trata pues de “ darle “.
Casi el 80% del cuerpo de un jabalí no permitiría, de ser impactado con una flecha, cobrar la pieza. De “darle” lo único que habríamos hecho es confirmar un mal lance, un no saber hacer y un torpe comportamiento.
Con un arco se requiere interpretar el lance y buscar ó esperar la posición adecuada y a la distancia que toca. Muchas veces, cuando se dan todos estos factores, el disparo, técnicamente es lo menos importantes.
Muchos de mis amigos, cazadores arqueros como yo, tienen una enorme calidad en el disparo cuando están en el campo de tiro, no como yo que soy más bien torpón. Cuentan con porcentajes muy altos de aciertos y una regularidad envidiable a distancias ciertamente muy altas.
En el campo, como nos ocurre a todos, a distancia muy muy cortas……..los cochinos…….” son mucho más pequeños”, se mueven los muy “ joios “, tienen siempre la barriga en el sitio donde va la flecha..” que iba bien dirigida al pecho, tienen un pulmón extra con el que no habíamos “ contado “, los muy “ cabr…” se colocan siempre detrás de una ramita que nos tuerce el disparo, tienen la mala costumbre de olfatearnos, tienen los vasos sanguíneos “colocaos” a contramano y no dan sangre a pesar de tenerla que dar.
Las cabras tenían la fama y los cochinos cardan la lana. Habrá pues que cambiar la canción, ya no será ..” la cabra ,la cabra la p…. de la cabra“ y tendremos que hablar de “ el cochino el cochino …”
No es cuestión de ” darle”.
Tiempos de Otoño.
Escribía Juan Mateos en su libro “ Origen y Dignidad de la Caza” 1634 en su Capitulo XV “ Del modo de matar jabalíes en tiempo de bellota “, decía “ Cuando la bellota comienza a estar para poderse comer se matan los jabalíes muy bien, porque entonces hay pocas encinas que tengan la bellota madura, y así como empieza a madurar se cae alguna de una enfermedad que llamamos melosa, y también se cae con los aires… la llaman breva por ser gorda y temprana, que es por San Miguel…” ¿ estamos ?.
Foto y texto
A.Martín
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